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UNA EXTRAÑA EN SU TIERRA
"Solo Me Interesa el Presente"
Del Teatro Municipal de Santiago saltó a París. Actriz, bailarina y modelo, Alma Montiel trabajó para los diseñadores Guy Laroche y Christian Dior antes de radicarse en Argentina. Ahí construyó, en el parque de su casa un anfiteatro para 200 personas. Hoy, de vuelta en Chile, ha encontrado en la escritura ese aliado que el teatro le negó. Por Rita Cox
A mediados de la década de los 50, una anónima actriz y bailarina chilena deambulaba por las calles de París. Cargada sólo de su experiencia como primera bailarina del Teatro Municipal, muchos trabajos en el mundo de la actuación y cuatro becas de perfeccionamiento actoral, Alma Montiel se radicaba en París.
Tenía 17 años y un precioso cuerpo esculpido en el Ballet de Vadim Sulima. Su estatura escasa para la media europea alcanzaba el metro sesenta y tres y su cutis era impecable. Así, sin siquiera haber concertado una cita, llegó al taller de uno de los diseñadores franceses top de la época: Jean Désses,
Fue entonces el ayudante de Désses, Guy Laroche, el que se fijó en las potencialidades de la Montiel. "Me enseñó a desfilar. En nuestro primer encuentro y de manera muy ingenua, le dije que era bailarina y que sabía hacerlo muy bien. Él se escandalizó; me pidió que por favor callara, ya que si Désses me escuchaba me despediría de inmediato. Tenía razón, pues las bailarinas caminan como pato, con las puntas de los pies hacia fuera, y el paso de la modelo es todo lo contrario. Me costó un mundo adquirir la nueva posición", recuerda la Montiel, quien desde su regreso a Chile, luego de cuatro décadas en el extranjero- se dedica por entero a la literatura.
No más de quince desfiles de alta costura alcanzó a realizar junto a Désses, ya que a las pocas semanas de su debut el francés vendió la firma a unos egipcios, dejando a todo el staff de maniquíes en la calle. Con el finiquito en la mano, partió al taller de Christian Dior, "el más grande de los grandes". "Cuando llegué, me encontré con una sala repleta de rubias espectaculares. Me sentí aterrorizada. Bajita y con mi pelo negro...Me estaba dando la vuelta para salir cuando se me acercó la Jefa de la Cabine, Madame Turquein, y me explicó que Dior buscaba modelos rubias, de un metro setenta y tres, para su próxima colección, pero que no perdía nada quedándome a la prueba", admite.
Bastaron tres sesiones bajo el exigente ojo del modisto para que la Montiel se incorporara a una de las casas más renombradas de Europa. A poco andar, junto a otras dos chicas bajitas y delgadas como ella, se transformó en el molde de una nueva línea: la taille petite. "Fue terrible. Era extranjera y el resto de las chicas no me tenían mucha simpatía", confiesa.
La enemistad aumentó cuando Dior le asignó el traje de novia, modelo que significaba un ascenso en la actividad de la moda. "El vestido era pesado, una verdadera arquitectura. De hecho, para salir a la pasarela tenía que dar un saltito. En eso estaba cuando otras modelos me empujaron y, gracias a Dios y a mi buen estado físico, me mantuve en pie. Hubiera sido mi fin", recuerda.
"MI VIDA. LA ACTUACIÓN"
Tras un año en el modelaje, Alma abandonó las pasarelas por un trabajo de actriz en la UNESCO. "Tenía que interpretar, en español, pequeños cuadros temáticos sobre Sudamérica. Lo mío era actuar, ya que por la actuación había dejado mi país y mi familia. En el modelaje era tan intrusa como ahora lo soy en literatura", explica.
Nació en el seño de una familia de clase media del barrio Santa Lucía. Su tía fue la encargada de matricularla, a los cinco años, en el ballet del Teatro Municipal. Entonces, Doreen Young dirigía el cuerpo de baile, el que no tenía aún categoría de compañía que le otorgó más tarde Vadim Sulima, con quien la Montiel llegó a ser primera bailarina. "El problema es que en esa época ser artista era sinónimo de prostituta", advierte.
En forma paralela a uno de sus cursos de baile, a los 10 años, rodó su primera película, "Arbol Viejo". Dirigida por el argentina Isidoro Navarro, esta cinta precedió a "Nueva Luz", de Jorge Délano, cinta que inauguró la sala El Gran Rex. Más tarde "Cita con el Destino", de Miguel Frank, y otras más. Le llegó el turno a "Río Abajo", del propio Frank y Tobías Barros, con la que obtuvo el Premio Caupolicán, como Mejor Actriz del Año. |