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 Alma Montiel
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El Metropolitano
Número 02 al 26 febrero 2000

ENTREVISTA

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UNA EXTRAÑA EN SU TIERRA

"Solo  Me Interesa el Presente"

Del Teatro Municipal de Santiago saltó a París. Actriz, bailarina y modelo, Alma Montiel trabajó para los diseñadores Guy Laroche y Christian Dior antes de radicarse en Argentina. Ahí construyó, en el parque de su casa un anfiteatro para 200 personas. Hoy, de vuelta en Chile, ha encontrado en la escritura ese aliado que el teatro le negó.
Por Rita Cox

A mediados de la década de los 50, una anónima actriz y bailarina chilena deambulaba por las calles de París. Cargada sólo de su experiencia como primera bailarina del Teatro Municipal, muchos trabajos en el mundo de la actuación y cuatro becas de perfeccionamiento actoral, Alma Montiel se radicaba en París.

Tenía 17 años y un precioso cuerpo esculpido en el Ballet de Vadim Sulima. Su estatura escasa para la media europea alcanzaba el metro sesenta y tres y su cutis era impecable. Así, sin siquiera haber concertado una cita, llegó al taller de uno de los diseñadores franceses top de la época: Jean Désses,

Fue entonces el ayudante de Désses, Guy Laroche, el que se fijó en las potencialidades de la Montiel. "Me enseñó a desfilar. En nuestro primer encuentro y de manera muy ingenua, le dije que era bailarina y que sabía hacerlo muy bien. Él se escandalizó; me pidió que por favor callara, ya que si Désses me escuchaba me despediría de inmediato. Tenía razón, pues las bailarinas caminan como pato, con las puntas de los pies hacia fuera, y el paso de la modelo es todo lo contrario. Me costó un mundo adquirir la nueva posición", recuerda la Montiel, quien desde su regreso a Chile, luego de cuatro décadas en el extranjero- se dedica por entero a la literatura.

No más de quince desfiles de alta costura alcanzó a realizar junto a Désses, ya que a las pocas semanas de su debut el francés vendió la firma a unos egipcios, dejando a todo el staff de maniquíes en la calle. Con el finiquito en la mano, partió al taller de Christian Dior, "el más grande de los grandes". "Cuando llegué, me encontré con una sala repleta de rubias espectaculares. Me sentí aterrorizada. Bajita y con mi pelo negro...Me estaba dando la vuelta para salir cuando se me acercó la Jefa de la Cabine, Madame Turquein, y me explicó que Dior buscaba modelos rubias, de un metro setenta y tres, para su próxima colección, pero que no perdía nada quedándome a la prueba", admite.

Bastaron tres sesiones bajo el exigente ojo del modisto para que la Montiel se incorporara a una de las casas más renombradas de Europa. A poco andar, junto a otras dos chicas bajitas y delgadas como ella, se transformó en el molde de una nueva línea: la taille petite. "Fue terrible. Era extranjera y el resto de las chicas no me tenían mucha simpatía", confiesa.

La enemistad aumentó cuando Dior le asignó el traje de novia, modelo que significaba un ascenso en la actividad de la moda. "El vestido era pesado, una verdadera arquitectura. De hecho, para salir a la pasarela tenía que dar un saltito. En eso estaba cuando otras modelos me empujaron y, gracias a Dios y a mi buen estado físico, me mantuve en pie. Hubiera sido mi fin", recuerda.

"MI VIDA. LA ACTUACIÓN"

Tras un año en el modelaje, Alma abandonó las pasarelas por un trabajo de actriz en la UNESCO. "Tenía que interpretar, en español, pequeños cuadros temáticos sobre Sudamérica. Lo mío era actuar, ya que por la actuación había dejado mi país y mi familia. En el modelaje era tan intrusa como ahora lo soy en literatura", explica.

Nació en el seño de una familia de clase media del barrio Santa Lucía. Su tía fue la encargada de matricularla, a los cinco años, en el ballet del Teatro Municipal. Entonces, Doreen Young dirigía el cuerpo de baile, el que no tenía aún categoría de compañía que le otorgó más tarde Vadim Sulima, con quien la Montiel llegó a ser primera bailarina. "El problema es que en esa época ser artista era sinónimo de prostituta", advierte.

En forma paralela a uno de sus cursos de baile, a los 10 años, rodó su primera película, "Arbol Viejo". Dirigida por el argentina Isidoro Navarro, esta cinta precedió a "Nueva Luz", de Jorge Délano, cinta que inauguró la sala El Gran Rex. Más tarde "Cita con el Destino", de Miguel Frank, y otras más. Le llegó el turno a "Río Abajo", del propio Frank y Tobías Barros, con la que obtuvo el Premio Caupolicán, como Mejor Actriz del Año.

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En sus tiempos de Primera Bailarina del Ballet del Teatro Municipal

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Su interpretación en "La Princesa Aoí" de Yukio Mishima, le valió el premio a La Mejor Actriz en el Festival Rioplatense, en Montevideo

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Alma Montiel, en Paris, vestida Guy Laroche

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Alma Montiel en su caracterización de Fedra, de Jean Racine, dirigida por Tobías Barros, en El Anfiteatro "La Vieja Casa".

En teatro estrenó "Calígula" de Albert Camus, secundada por Lautaro Murua. Muchas de las escenografías fueron realizadas por Raimundo Larraín.

Usted se fue de Chile al salir del colegio y no regresó hasta ahora. ¿Qué la motivó a irse si aquí tenía una carrera cinematográfica y teatral destacada?

Inicié mi carrera muy temprano y sentí que llegaba a un tope. Por otra parte después de la guerra, durante la cual sólo se emitía material propagandístico, comenzaron a llegar películas europeas maravillosas. Ese era el cine que deseaba hacer y para ello mi única posibilidad era irme.

En Europa usted sólo participó en una película  (española) y en una obra de teatro (francesa)...

En Madrid interpreté a una extranjera en "Buscando a Mónica", de José María Forqué; en París, en el teatro Chatelet, protagonicé "mademoiselle Julie", de Augusto Strinberg. Mi gran problema fue el acento. Era inaceptable tanto para teatro como para cine, tener acento. En cambio en Argentina fui aceptada. En Buenos Aires actué mucho. También me dediqué a la producción teatral y construí en mi casa un anfiteatro para 200 personas en donde estrené varias obras. También tuve dos programas de televisión en Canal 7. Por aquella época recibí una carta de Eugenio Dittborn, quien dirigía el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica, en la cual me invitaba a integrarme a la planta de actores. Por mis compromisos, desgraciadamente no pude aceptar. Me arrepiento hasta ahora.

¿Por qué regresó a Chile?

Siempre soñé en volver. Lo único que me detuvo eran mis deseos de perfeccionamiento.

¿Con qué país se encontró a su regreso?

Dejé Chile en la época del existencialismo, cuando se hacía mucho teatro. Habían tres estudios de cine que rodaban día y noche, y venían destacados directores europeos y argentinos a filmar, dado que en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial éramos uno de los pocos países, al cual llegaba celuloide. La generación con la que trabajé está retirada, no conozco a nadie de la generación actual. Por consecuencia tampoco nadie me conoce. Me siento sapo de otro pozo.

¿Tiene alguna relación con la gente que hoy está haciendo teatro?

Ellos nunca han oído hablar de mí. Los últimos testigos de mi carrera fueron Tobías Barros, Malú Gatica, Silvia Piñeiro y unos pocos más. No creo que Alfredo Castro o Rodrigo Pérez me necesiten. Hice un teatro convencional. Con estos directores, que tanto admiro, dejaría mi sangre en el escenario por trabajar con ellos.

¿En las letras sí ha tenido un espacio?

En 1994 publiqué mi primer libro "Espejo Hacia el Este". Después, en 1998, reincidí con "Tercera Llamada", y ahora acaba de aparecer "Nudo Ciego", una novela sobre una mujer enamorada de un homosexual que contrae matrimonio con el hermano de éste. Otra, llamada "Primer Plano" está en preparación en Buenos Aires.

¿Qué la motivó a incursionar en la literatura?

Una amiga me estimuló a que escribiera, y le hizo llegar a Enrique Lafourcade algunos de mis cuentos. Él me sugirió que publicara el primer libro. Después he caminado sola.

¿A estas altura qué significado le da a su escritura?

Es una manera de encausar positivamente mis energías. Mis personajes son artistas debido a que no puedo escribir acerca de lo que no conozco. El pasado ya no me importa. Ahora quiero ser reconocida como escritora.

E-mail: almamontiel@entelchile.net

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